DE MADRES E HIJAS – Psicóloga Gloria Martínez Ayala

“Viniste al mundosin que yo te buscase, tardé tiempo en entender y aceptar lo que significabas,cuando lo hice, torpemente al principio y todavía desconcertada por tuexistencia, comencé a descubrir que tenerte era lo mejor que me había pasadonunca, aún sigo pensando así.”

La maternidad es un hecho único, muy especial, quemuchas mujeres experimentamos a lo largo de nuestra vida, sin importar elnúmero de hijos que se tenga, cada hijo representa un acontecimiento exclusivoy distinto, que será vivido de forma diferente, según el momento en qué seproduzca y las circunstancias personales de la mujer.

Niña o niño, en el momento en que la pareja decideembarcarse en el proyecto o se enteran de su existencia, algunos especulansobre sus preferencias, mientras que otros dejan al azahar el género del bebé,a fin de cuentas será su hijo y la ilusión y el amor que les reportará, será elmismo, independientemente de su sexo.

Es la relación entre madres e hijas algo de lo que megustaría hablar ahora. En mi caso, hija única y madre de una sola hija, siemprehe estado muy atenta al modo en que este acontecimiento me ha influido y a todolo qué ha sucedido entre nosotras.

Después del desconcierto y desbordamiento inicial, eltremendo esfuerzo de los primeros meses, diría que incluso los dos primeros años de vida, en quela alimentación y el sueño del bebé ocupaban todo mi tiempo y energías, empecé a pensar en quéhacer, cómo hacerlo, qué decir… respecto a ti, ahora era responsable no solo demi vida, también de la tuya y pensaba que lo que serías en el futuro, dependeríaen una gran parte de lo que yo hiciera entonces.

Pensé en mi propia niñez y adolescencia, tenía unlegado emocional que no quería repetir, al menos en su totalidad. Tengo unospadres que me quisieron, protegieron y cuidaron hasta la asfixia, tardé años enaprender a caminar sola. No quería hacer lo mismo contigo. Quería una hijavaliente, capaz de tomar sus propias decisiones y de enfrentarse al mundo.

Además de la razón, tan presente en mi vida, aprendí que, a menudo es adecuado dejarse llevar por el instinto. Las emociones tienen un lugar importante en la educación de los hijos. No solo hay reglas que cumplir y normas que aprender, hay conductas que solo desde la emoción pueden aprenderse y llevarse a cabo. Ese difícil equilibrio entre razón y emoción, es algo que nos acompañará a lo largo de toda la vida.

En este punto, conviene recordar los distintos estilosde crianza, generalmente es el que han recibido las madres , el que aplicaránluego con sus propios hijos. Asimismo, sus complejos, fracasos y proyectos nocumplidos también entrarán en juego en el difícil arte de criar y educar a sushijos.

Encontraremos pues, madres controladoras, hiperprotectoras, asfixiantes, narcisistas, pasotas, indiferentes… y también otras maravillosas, compasivas y razonables que favorecen el crecimiento emocional de sus hijos y ayudan a que crezcan de manera adecuada, desarrollando un apego seguro que les permita mayor grado de autonomía y responsabilidad, en función de su edad, sabiendo que su madre, siempre estarán ahí como referente para lo que necesiten.

El vínculo que se establece entre madres e hijas es unvínculo complejo, lleno de luces y con algunas sombras. La niña al principiobuscará la aprobación de su madre a toda costa, pero además, le echará un pulsocuando algo que se le pida choque con sus deseos. Las mujeres somos más complejasen las relaciones, más generosas a la vez que exigentes y más críticas.

La realidad deldía a día, confirma como se establecen rivalidades entre hermanas, madres ehijas, amigas, compañeras… y es que lasmujeres no podemos resistirnos a comparar e intentar “ser mejores” o al menosdistintas a las otras.

Es sumamente enriquecedor el vínculo que establecenmadres e hijas, una relación en la que crecen tanto las niñas, física ymentalmente dentro del curso natural de las cosas, como las madres en base a sunueva faceta y experiencia vital.

Nunca tuve instinto maternal, cuando mis amigas jugaban a las mamás, no entendía el porqué de su juego, me aburría y prefería peinar o vestir a las muñecas grandes, no me gustaban los bebés. He necesitado que mi hija llegase a mi vida, para descubrir una parte de mí, que creía no tener, para sentir de una forma que nunca había sentido y descubrir significados nunca antes encontrados.

Soy mujer, hija, madre, abuela, esposa, amiga, trabajadora … y muchas cosas más. He elegido algunas de las cosas que soy, otras me han venido de serie o me han sido impuestas, no entraré en cuál de estos papeles y desempeños, es más importante para mí, cada uno ha sido más o menos relevante, según el momento, pero todos han contribuido a que hoy sea como soy.

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