DESDE MI MEMORIA – Psicóloga Gloria Martínez Ayala

Hace ya 15 años del atentado de Atocha, hoy la radio me despierta recordando el atentado del 11 de Marzo de 2004, el sonido de las explosiones aún retumba en mi cabeza, me disponía a acceder al vestíbulo de la estación para coger el AVE a Puertollano, donde tendría una reunión de trabajo, mientras mi maletín pasaba el control del escáner rutinario, de pronto un estruendo, agitó a todos los que estábamos en ese mismo lugar.

Los vigilantes y la policía nos pidieron desalojar la zona, no sé cómo llegué hasta allí, es como si me hubiera teletransportado … de repente me encontraba entre decenas de pasajeros alineados contra la pared en la parte superior del acceso a la estación, no podíamos salir de allí, la policía franqueaba la zona, estábamos callados, mirándonos unos a otros, sin saber qué hacer, no sabíamos qué había sucedido, algunos empezaron a decir que si una explosión de gas, otros que si un atentado … comencé a buscar el móvil en mi bolso, descubriendo que no estaba operativo. Quería hablar con mi hija, decirle que estaba bien, avisar a mis padres, a mi novio… contarles a todos que no me había pasado nada, que estuvieran tranquilos.

Minutos después las sirenas de los coches de policía y bomberos rompieron el silencio, a continuación helicópteros cubrieron los cielos. No nos dejaban movernos, en la distancia vimos hombres y mujeres que salían de la estación de cercanías, por su propio pie, sus ropas sucias y caras manchadas de polvo y sangre nos hicieron pensar lo peor. No sabía aún que había sucedido, pero un frio helador me recorrió el cuerpo, me estremecí pensando que yo podía haber sido una de las víctimas, recé en voz baja y di gracias a Dios por seguir viva. Mi hija aún me necesitaba.

Más tarde nos trasladaron a los pies del Ministerio de Agricultura, el día ya se había establecido, el devenir de las ambulancias, coches y furgones de policía no cesaba, muchos taxistas colaboraban llevando a las víctimas a los hospitales, yo seguía allí parada, congelada en mis pensamientos y movimientos, no me atrevía a moverme, el tiempo pasó rápidamente, sin apenas darme cuenta.

Alrededor de las 12.00 h. nos dejaron ir. No funcionaba el metro, ni paraban los autobuses, emprendí la marcha despacio, andando sin rumbo, confusa … hasta llegar a la Plaza de la Independencia, desde donde pude coger el autobús a mi trabajo. De nuevo cogí mi teléfono que ya funcionaba, donde tenía decenas de llamadas y mensajes, respondiendo a todos ellos.

A la llegada al trabajo, aún confusa y bloqueada por el acontecimiento, mis compañeros me hicieron un pasillo, todos y cado uno de ellos me preguntaba, abrazaba y miraba con cariño, nunca lo olvidaré, me sentía feliz de estar viva y deseando abrazar a mi hija.

Ante el ataque, el ser humano reacciona: huyendo, luchando o bloqueándose. Cada individuo, acorde con su personalidad, experiencia vital y el momento en el que se encuentra, reacciona de manera diferente. Evolutivamente, hemos aprendido a decidir en qué circunstancia es mejor una respuesta u otra, generalmente huimos cuando podemos hacerlo, evitando las consecuencias posteriores, otras veces “nos hacemos el muerto” bloqueándonos, para evitar males mayores y tan solo en las situaciones donde no hay escape posible o nos sentimos agredidos de manera directa, respondemos atacando y luchando.

Lamentablemente, algunos ya no podrán hacerlo, la barbarie terrorista se llevó las vidas, ilusiones y proyectos de 193 personas y con ellos, dañó a sus familiares y amigos a los que dejó una herida perpetua.

In Memoriam de todos ellos

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