Capítulo 6. Evaluación previa a la TEC

La evaluación previa a la TEC debe incluir un examen y antecedentes psiquiátricos, incluida la respuesta anterior a la TEC y otros tratamientos.  La historia clínica es crucial para establecer los riesgos médicos.Aunque los componentes de la evaluación de los pacientes para la TEC variarán según el caso, cada centro debe tener un conjunto mínimo de procedimientos que se deben realizar en todos los casos (Coffey 1998). Una historia psiquiátrica y un examen, incluida la respuesta anterior a la TEC y otros tratamientos, es importante para garantizar que exista una indicación adecuada para la TEC. Una historia y un examen médicos cuidadosos, que se centren especialmente en los sistemas neurológico, cardiovascular y pulmonar, así como en los efectos de las inducciones anestésicas previas, son cruciales para establecer la naturaleza y la gravedad de los riesgos médicos. Se debe realizar una consulta sobre problemas dentales y una breve inspección de la boca, buscando dientes sueltos o faltantes y notando la presencia de dentaduras postizas u otros aparatos. La evaluación de los factores de riesgo antes de la TEC debe ser realizada por personas privilegiadas para administrar TEC y anestesia con TEC. Los hallazgos deben documentarse en la historia clínica mediante una nota que resuma las indicaciones y los riesgos y sugiera cualquier procedimiento de evaluación adicional, alteraciones en la medicación en curso (ver Capítulo 7) o modificaciones en la técnica de TEC que puedan estar indicadas. Deben llevarse a cabo procedimientos para obtener el consentimiento informado.

Las pruebas de laboratorio requeridas como parte del estudio previo a la TEC varían considerablemente. Es posible que los pacientes jóvenes y físicamente sanos no requieran ninguna evaluación de laboratorio. Sin embargo, la práctica común es realizar una batería mínima de pruebas de detección, que a menudo incluyen un hemograma completo, electrolitos séricos y un electrocardiograma. Se debe considerar la realización de una prueba de embarazo en mujeres en edad fértil, aunque la TEC generalmente no presenta un mayor riesgo en mujeres embarazadas (ver sección 4.3). Algunas instalaciones tienen protocolos mediante los cuales las pruebas de laboratorio se especifican en función de la edad o ciertos factores de riesgo médicos, como antecedentes cardiovasculares o pulmonares (Beyer et al. 1998). Las radiografías de la columna ya no son necesarias de forma rutinaria, ahora que el riesgo de lesiones musculoesqueléticas con la TEC se ha evitado en gran medida mediante el uso de la relajación muscular, a menos que se sospeche o se sepa que existe una enfermedad preexistente que afecta a la columna. Se debe considerar el electroencefalograma, la tomografía computarizada (TC) cerebral o la resonancia magnética (RM) si otros datos sugieren que puede haber una anomalía cerebral. En la actualidad existe alguna evidencia de que las anomalías encontradas en las imágenes cerebrales estructurales o en el electroencefalograma pueden ser útiles para modificar la técnica de tratamiento. Por ejemplo, dado que las hiperintensidades subcorticales en la resonancia magnética se han relacionado con un mayor riesgo de delirio post-TEC (Coffey 1996; Coffey et al. 1989; Figiel et al. 1990), tal hallazgo podría alentar el uso de la colocación de electrodos unilaterales derechos y dosificación de estímulo conservador. Asimismo, el hallazgo de una desaceleración generalizada en un EEG pre-TEC, que se ha relacionado con un mayor deterioro cognitivo posterior a la TEC (Sackeim et al. 1996; Weiner 1983) también podría alentar las consideraciones técnicas anteriores. El uso potencial de las pruebas cognitivas pre-TEC se analiza en otra parte.

Aunque no existen datos sobre el intervalo de tiempo óptimo entre la evaluación previa a la TEC y el primer tratamiento, la evaluación debe realizarse lo más cerca posible del inicio del tratamiento, teniendo en cuenta que a menudo debe extenderse a lo largo de varios días. , por necesidad de consultas especializadas, espera de resultados de laboratorio, reuniones con el paciente y otras personas significativas, y otros factores. El equipo de tratamiento debe estar al tanto de los cambios pertinentes en la condición del paciente durante este intervalo de tiempo y debe iniciar una evaluación adicional según se indique.

La decisión de administrar ECT se basa en el tipo y la gravedad de la enfermedad del paciente, el historial de tratamiento y un análisis de riesgo-beneficio de las terapias psiquiátricas disponibles, y requiere un acuerdo entre el médico tratante, el psiquiatra de ECT y el autor del consentimiento. En ocasiones, la consulta médica se utiliza para obtener una mejor comprensión del estado médico del paciente o cuando es deseable recibir asistencia en el tratamiento de enfermedades. Sin embargo, pedir «autorización» para la TEC supone que dichos consultores tienen la experiencia especial o la capacitación necesaria para evaluar tanto los riesgos como los beneficios de la TEC en comparación con las alternativas de tratamiento, un requisito que es poco probable que se cumpla. Asimismo, las determinaciones realizadas por personas en puestos administrativos con respecto a la idoneidad de la TEC para pacientes específicos son inapropiadas y comprometen la atención al paciente.

RECOMENDACIONES:

La política local debe determinar los componentes de la evaluación de rutina previa a la TEC. Se pueden indicar pruebas, procedimientos y consultas adicionales, de forma individual. Dicha política debería incluir todo lo siguiente:

  1. historial psiquiátrico y examen para determinar la indicación de TEC. La historia debe incluir una evaluación de los efectos de cualquier TEC anterior.
  2. una evaluación médica para definir los factores de riesgo. Esto debe incluir el historial médico, el examen físico (incluida la evaluación de los dientes y la boca) y los signos vitales.
  3. una evaluación realizada por una persona con el privilegio de administrar la TEC (psiquiatra de TEC – Sección 9.2), documentada en la historia clínica mediante una nota que resume las indicaciones y los riesgos y sugiere cualquier procedimiento de evaluación adicional, alteraciones en los medicamentos en curso o modificaciones en la técnica de la TEC que puedan ser indicado.
  4. evaluación anestésica, abordando la naturaleza y el alcance del riesgo anestésico y asesorando sobre la necesidad de modificación en los medicamentos en curso o la técnica anestésica.
  5. consentimiento informado.
  6. pruebas de laboratorio y de diagnóstico apropiadas. Aunque no existen requisitos absolutos para las pruebas de laboratorio en un paciente joven y sano, en la mayoría de los pacientes se debe considerar un hematocrito, potasio sérico y un electrocardiograma. Se debe considerar la posibilidad de realizar una prueba de embarazo en mujeres en edad fértil antes de la primera TEC. Puede estar indicada una evaluación de laboratorio más extensa, según el historial médico del paciente o su estado actual.

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